Diario Bite #30: Primera Cita

 


- - 


Por fin, llegó el día. El encuentro nos sorprendió tras años de espera. Yo llevaba ventaja en la edad y la experiencia, pero, tenía nervios de una niña tierna, que debutaría esa noche en el amor. Una semana antes me encontraba con una amiga que me decía "será pan comido”, que tenía las de ganar y que sería mi noche. La noche más deseada por él, desde que tiene memoria. 

Él, tenía 20 años, una paciencia de roble y era dueño de un deseo voraz, de labios carnosos y de los ojos verdes más determinados que he conocido. Retomamos el contacto un mes atrás, después de cinco años de mensajes puntuales. El interés crecía con los días; las conversaciones subieron de tono y la primera cita, en un lugar curioso (para una primera cita), simplemente fluyó. 

Estaba finalizando la tarde y yo ya estaba casi lista, un extenso ritual de higiene y belleza que me hizo sentir como si fuera mi primera vez. La expectativa me dominaba...

Recibí un mensaje, “ya estoy afuera”. Salí, nos dimos un beso tímido en los labios después de tantos años de vernos en el colegio de lejos. Esa noche sería nuestra primera salida, nuestro primer contacto. Íbamos en el carro, y me dijo: “estás hermosa”, yo me sentía como pajarito en grama porque me había vestido distinto, sin falda; sin vestido y sin escote pronunciado. (No suelo esconder mis  tetas). Seguí el consejo de mi amiga que me dijo "déjale todo a la imaginación". 

Llegamos al hotel, nuestra primera cita, rara, inusual… nos sentamos en la cama, a hablar como dos mejores amigos de toda la vida, las palabras fluían, todo salía a la perfección. La conexión era perfecta o eran los nervios. La habitación, era muy especial, con muebles finos, en foma de semi C, y un jacuzzi fuera de este mundo, no era de los prefabricados, era de piedras, simulando ser naturales y tenía una cascada que descendía por la pared, y lo más especial es que en el techo tenía una pieza de vidrio opaco, que le daba un toque de oscuridad o claridad, dependiendo de la hora. 

Habíamos llevado licor, y comenzamos la ronda de cocteles, nos sentíamos más cómodos, seguíamos hablando, mirándonos de reojo con vergüenza y a la vez un deseo que nos oscurecía la mirada. Él propuso ir al jacuzzi y comenzó a graduar la temperatura, la espuma y el movimiento del agua. A mí me faltaba la respiración y solo respondí: -“Me voy a poner el traje de baño, ya vengo”. El traje de baño era un modelo playboy, fucsia, la idea de usarlo era menos ridícula cuando se me ocurrió en mi casa. 

Me solté el cabello y cuando salí del baño me acerqué al jacuzzi y él quedó sin palabras, abrió un poco la boca como para tomar aire y me miró completa, el traje de baño apenas cubría lo necesario, dejaba al descubierto, mis piernas, mis nalgas redondas, mi abdomen plano y mis senos prominentes; él me confesó en una ocasión, que su debilidad eran las tetas grandes.  

Entré el agua estaba cálida y se me aceleraba el corazón. Continuamos hablando, como si no existiera nada más y en un momento inesperado me besó con sus labios gruesos, carnosos, que me devoraban los míos y cuando menos me lo esperaba, sentí como sus manos estaban dentro de mi traje de baño, acariciando mis senos. Estábamos sentados de frente pero mis piernas estaban abiertas, sobre las suyas y claramente vi su erección, que tensaba su ropa interior. Sus manos descendieron a mi clítoris y me acarició de una forma que ni yo misma había explorado, movimientos que no se me hubieran ocurrido a mí y me encantaban. Sus dedos y sus movimientos eran tan suaves y delicados que el orgasmo era inevitable. 

Mojados, nos fuimos a la cama y seguíamos besándonos. Yo lo tocaba cuidadosamente, sentía sus piernas grandes y duras, sus glúteos, mientras los apretaba con mis dedos, su espalda y su rostro hermoso. Él tomó las sabanas, me ató las piernas, de modo que me quedaran abiertas y flexionadas sobre mi abdomen. Y cuando no podía más, sin saber qué me haría; bajó su lengua y la frotó en mi vagina con los mismos movimientos espectaculares que podía hacer con los dedos. El éxtasis fue rápido y demoledor, una bomba de placer, que se alcanza en contadas ocasiones durante el sexo oral. Después con su gran miembro erecto, curvo, cuasi perfecto; me penetró duro, nervioso pero decidido, mientras su cuerpo temblaba y me tomaba con fuerza. Era un choque de emociones, su deseo y la certeza de cogerse a la chica siete años mayor que él. 

Luego me tomo de los brazos y me giró y me ordenó que me subiera a cabalgarlo hasta el fin. Una vez arriba, con todo el cuerpo mojado y lleno de espuma de jacuzzi, me moví en círculos, salté y sentí como su miembro explotaba dentro de mí, un caudal incontrolable y espeso. 

A esta primera vez, o primer round, le sucedieron un par; cargadas del mismo deseo y vigor; las documentamos en un video que nos serviría para evocar la noche, aquella, que no sería la primera y última. 

Pensé que la noche iba a ser aburrida, predecible, más de lo mismo; caí en la trampa de las apariencias, en las habladurías de la inocencia; pero fue más de lo que pude procesar con la mente y el cuerpo. Así fue que lo descubrí a él. Con sus ojos verdes impresionantes. 


-Genoveva. 



Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares